En noches así, en que la calma pende sobre la ciudad casi como una penitencia incumplida y el hondo silencio ha cercado nuestras vidas con su cotidianidad insalvable, me abrazo a su cuerpo, muy cerca, y le susurro al oído hermosas promesas, como entonces. Pronuncio las palabras con esa cadencia de deseo postergado y anhelante, con esa urgencia venida de la ineludible necesidad de la piel, inaguantable, y digo jamás, amor, por siempre, dulzura, locura, sólo tú, Dios… Y mientras me voy hundiendo en el ansiado placer alcanzado, me vuelvo sobre mí mismo y el silencio de la noche retorna con su manto de oscuridad, dejando sobre nuestros sudores el peso muerto de nuestras vidas ya olvidadas de sí mismas, y parece susurrar también, no palabras, una palabra, sólo una, como un eco que se repite hacia el infinito de aquel ritual inminente: mentira, mentira, mentira, mentira…
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Estimado, no sé por qué me dices que la literatura no te tiene que agarrar de las pechugas, comprendo que eres despechugado, pero eso no quita que te agarre. La Isabel Allende renunquita logrará agarrarme, la quiero, me gusta, pero su literatura es mala y no hay vuelta. Cortazar por otra parte, me encanta, pero siempre he sido muy ingnorante acerca del jazz, entonces me pierdo en la rayuela, pero me encuentro en otros tiempos, en los más inocentes. Me gustan los que no piensan y escriben, esos tienen cojones como diría un español.
Lo tuyo agarra con fuerza, lástima que no cuentes más, pero la intriga también alimenta el espíritu y sí, Chespirito me ha dado más placer que Bolaños (y lo mantengo tal cual está)...ha sido un placer, también podría ser un gusto, pero la rueda de la vida nos lleva y nos trae, eso es lo real.
Sinceramente,
Marcela